Diciembre 29, 2011

Los tacones festivos del balance

Es inevitable. Me agarra este fin de año (de un año raro, de muchas cosas) en casa, llegando de viaje, con algo de trabajo por hacer y con un montón de planes que no sé por dónde comenzar a emprender. Y, bueno, toca: me pongo a hacer balances.

Uno no debería darle tanto peso a estos últimos días del año porque, finalmente, son días y ya. Días en los que hay que hacer todo lo que uno hace normalmente. Pero es inevitable. Uno se pone a pensar que ya se fue un año entero, en las cosas que pasaron, en las que hicimos y, sobre todo (o al menos en mi caso) en las que se quedaron pendientes por hacer.

Empiezo a ver por toda la casa qué hay que arreglar, qué hay botar, qué fue eso que juramos que íbamos a hacer “el fin de semana que viene” y no hicimos y qué fue eso que empecé a hacer muy entusiasmada y dejé por la mitad, abandonado en un cuarto, esperando por “el fin de semana que viene”. Por supuesto, me entra la desesperación de asumirme como una inconstante, como una persona que deja las cosas por la mitad y me juro que eso lo voy a cambiar, que el año que viene voy a salir a caminar todas las mañanas, voy a terminar todo lo que empecé y todo lo que se me ocurra empezar de cero, que voy a salir de todo lo viejo para dejar espacio para lo nuevo…

Y ahí me veo: dentro de un rato, seguramente al terminar esta entrada, me voy a sentar frente a una caja llena de peroles, decidida a salir de unos cuantos y me voy a encontrar con fotos viejas, una cajita de fósforos que me traje de algún restaurant que ya no existe, una libreta llena de notas anacrónicas… y por ahí me voy a ir.

La nostalgia me va a asaltar, me voy a hacer repentinamente consiente de mi edad y mi peso (salúdenme a Bridget Jones), me voy a preguntar si todavía entro en aquél pantalón que tengo guardado en el clóset y voy a tratar de entender porqué ahora me da sueño a las 11 de la noche, yo que tantas veces declaré que la fiesta había terminado cuando era hora de bañarse para ir al trabajo.

También me voy a poner optimista, no se crean. Me va a dar por decirme que hoy tengo mucho más de lo que me hubiera imaginado que tendría a esta edad (no, no estoy hablando del banco, no empecemos con eso), que soy muy afortunada y que ese libro, aquél artículo o esa comida que hice este año no me quedaron tan malos.

Después me voy a encontrar con que se me fue la mañana entera con una sola cajita y que es hora de preparar el almuerzo, comprar shampoo y que debería aprovechar para ver esa película que no he visto.

El primer día del año me voy a encontrar con que no hice lo que juré que iba a hacer. Y lo dejaré para el fin de semana que viene.

Sí, suena medio deprimente, pero no es mi intención. Creo que me dio por escribir esto para recordarme a mí misma que aunque no soy todo lo organizada, ni lo constante, ni lo decidida que me gustaría ser, de vez en cuando sí puedo ser sincera conmigo misma y entender que no es tan malo.

A veces uno se exige como mucho y no se da tregua. Sí, es verdad que tampoco uno puede vivir justificándose con eso de que uno es humano, pero vamos, que no estamos tan mal. Si hay café en la cocina y conexión a Internet para publicar este post, significa que estamos bien.

Para cerrar el balance: este año me quedo con unas cuantas tareas pendientes, pero también con unas cuantas cosas más o menos claras. Y creo que si uno al menos se va aclarando cosas sobre sí mismo, no está tan mal. La más clara de todas: que hay que dudar.

Escribir este blog me ha ayudado a soltar un poco de peso mientras trato de sincerarme conmigo misma y de aceptarme un poquito más como soy y menos como quisiera ser.

Pero sobre todo, me ha ayudado a sembrarme de dudas sobre mis propias “certezas”. Creo que, si de balances hablamos, esa es la cosa más positiva que he aprendido últimamente. Si uno duda, creo yo, va por buen camino.

Así que nada. Me voy a sentar frente a mis cajas llenas de asuntos pendientes, y a dudar se ha dicho.

Les agradezco infinitamente este año de compañía desde el otro lado de la pantalla. Y les deseo que todo lo bueno les llegue. Pero sobre todo, les deseo un año nuevo lleno de dudas para despejar. Y que en el camino de despejarlas encuentren eso que creo que todos estamos buscando.

¡Feliz 2012! (Y que no se nos acabe el mundo)
Mientras me preparo para recibirlo, les dejo otro par de zapatos

I ♥


Este glitteroso par de Kimchi Blue me parece perfecto para celebrar sin uniformarse




Diciembre 29, 2011

Publicado en la categoría: Sin categoría

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Beatriz Castro Cortiñas  |  Diciembre 29th, 2011 at 14:47

    ¡FELIZ 2012!

Añadir Comentario

Requerido

Requerido, (oculto)

Trackback this post  |  Siga los comentarios en RSS

PUBLICIDAD