Las cómodas alpargatas de lo que quiero
Cuando uno está estrenando año no sabe qué hacer con él. Uno trata de hacer como que nada está pasando nada, pero en el fondo le pesa esa especie de “deber” que supone que planees algo grande, hagas cambios radicales en tu vida, cambies, arregles, comiences… Y bueno, la verdad es que por mucho jugo de naranja con zanahoria que uno tome, a veces es esperar demasiado, ¿no?
Sé que me van a lapidar porque en estos días se supone que uno dé ánimos, dé el ejemplo, sea la que sí hizo la dieta, la que no se saltó ningún día del plan de ejercicios y la que arrancó ese curso que quería hacer desde hacía tiempo. Y bueno, confieso que en mi caso eso va “más o menos”.
No es que esté desmotivada. Para nada. Lo que me pasa, creo, es exactamente lo contrario: tengo tantos motivos para estar motivada (sí, es cacofónico y esa es la intención) que no encuentro de cuál agarrarme. Tengo un ejemplo que a menudo utilizo para ilustrar esta sensación y es lo que llamo “el síndrome del estacionamiento”: Cuando uno va a estacionar el carro en un sitio donde no encuentra puesto, la decisión es muy sencilla. Donde veas un sitio vacío, te metes. No importa si es de retroceso, si está lejos de la escalera, si requiere de todas tus habilidades (o de las que definitivamente no tienes) para estacionar, te metes allí porque no hay de otra. Pero cuando llegas a un estacionamiento vacío, te pones caprichosa. “Este está muy lejos, este es muy oscuro, en este me pueden robar, este tiene una mancha de grasa espantosa, este es muy difícil” y así pasan los minutos y tú das vueltas por todo el lugar sin terminar de decidirte.
Pues es eso exactamente lo que me pasa en estos días. Quiero hacer de todo y no termino de arrancar con mucho. No es que no haya arrancado con nada, pero siento que es más lo que quisiera hacer que lo que en realidad estoy haciendo ¿Me siguen?
Para colmo, la vida te da sorpresas. Hace poquito me cayó en las manos una buena oportunidad de hacer esas cosas que quiero hacer y mi motivación por ella es tan enorme que realmente tengo que hacer un esfuerzo para concentrarme en el resto. Pero ahí voy. No tengo la intención de meter la pata, no se preocupen.
Les cuento esto porque a veces creo que caigo demasiado fácil en todo ese mercadeo del optimismo del mes de enero y no siempre me siento del todo sincera conmigo misma cuando me veo en ese plan. Vamos, que no es mi primer enero (y si como creemos a los Mayas los interpretaron mal, tampoco espero que sea el último), ya he pasado por aquí varias veces y cada año me da más risa cuando me oigo a mí misma, a mitad de diciembre, diciendo cosas como “en enero me voy a poner a arreglar el clóset”. Ahora hasta me da vergüenza escribirlo, pero ya me metí en este post y debo sacarlo adelante ¿Ven? ¿Se dan cuenta? “Debo”: la palabra favorita del mes de enero.
Este enero estoy haciendo más bien el propósito de sincerarme y no ponerme con tantos “debos” sino más bien con los “quieros”, a ver cómo me va. Podría traducirlo más o menos como “debo hacer lo que quiero hacer y también lo que debo hacer, pero no sólo eso sino más bien una combinación de ambos”.
Y lo que quiero hacer es lo que me gusta, claro.
No sé si el tiempo, la energía, el dinero, el clima me alcancen, pero eso es lo que me he propuesto para este año. Si me provoca, el cuerpo me lo pide y me da la gana, comeré menos pan. Pero si me provoca más leer una nota sobre cortes de pelo que esa novela que todo el mundo ya leyó y yo no he agarrado aún, pues que me maten, pero me quedo con mis cortes de pelo.
Creo que una de las cosas buenas que tiene la edad es que la sinceridad como que se te levanta. Ya cada día me da menos pena admitir lo “inadmisible” y me siento menos señalada que antes por eso.
No sé si estoy yendo adonde quiero ir con este post, pero por las dudas, aclaro: creo que uno se pone demasiado piqui a veces con eso de lo que se supone que es bueno y que uno “debe” hacer y se olvida de escuchar lo que por dentro suena como lo obvio, que es lo que uno “quiere” hacer. Y creo que uno puede probar ser más honesto con uno mismo y menos correcto ante los demás.
No creo tampoco que lo que a uno le provoca hacer sea siempre lo que no se debe hacer. Aquello de que “todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda” queda bien en las canciones, pero tampoco es para tanto. Si te gusta el chocolate, seguro que también te gusta hacer algo para comértelo sin remordimientos. Si te gusta dormir hasta tarde, es muy probable que lo hagas los domingos en lugar de los lunes, cuando te levantas, te lavas la cara y trabajas todo el día.
En fin, mi propósito de enero de 2012 es: parafraseando a medias Sabina, voy a dejar que el quiero le gane al debo por un ratico. Y ya veremos qué pasa.
Les iré contando. Mientras tanto les dejo otro par de zapatos, nuevecitos y calentitos para consentir a mi quiero
I ♥
Estas son mis alpargatas de lo que quiero. Las tejí yo misma este diciembre y no me las puedo quitar desde entonces. Lástima que sólo las puedo usar en casa
Enero 16, 2012
Publicado en la categoría: Sin categoría

3 Comentarios Añade un comentario
1. Leonora | Enero 16th, 2012 at 18:09
Bueno… Y si el debo se nos mescla con el quiero? Y en distintas proporciones? Lá sintonia no seria una maravilla? … Porque -quiza es lá edad o la madurez (que no son sinonimas ni siempre andan de lá mano)- cada vez mas los motivos son mas individuales, mas personales o, al menos, ya no tan publicos… Entonces si nos van a censurar o no, poco nos vá a importar. No? Salvo que sea a nuestros projimos mas proximos a quienes estemos afectando… En fin, que entonces mis mas sinceros deseos son que los deberes y los quereres se encuentren y sepamos administrarlos a lo largo del anho. Un abrazo muy fuerte.
2. http://www.temasfemeninos.com | Enero 17th, 2012 at 11:45
Es que tienen una pinta de calentitas que no me extraña que no te las quites, yo tejo para mi bufandas y jerseys y me pasa lo mismo no me los quito en todo el invierno. Saludos
3. Caterina | Enero 17th, 2012 at 21:56
¡TE AMO!!!!
Como dijo Sabina una vez ‘que el quiero gane la guerra del puedo’!
besos, muchos besos
P.D. Muy bellas sus alpargatas, tejedora!
Añadir Comentario
Trackback this post | Siga los comentarios en RSS