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	<title>Otro par de zapatos</title>
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	<description>Reflexiones de una mujer amante de los zapatos</description>
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		<title>Zapatos como piezas</title>
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		<pubDate>Wed, 02 May 2012 22:17:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cynrodriguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace poco tuve una experiencia reveladora. No me hice fiel de ninguna iglesia ni visité a ningún gurú. Lo que hice fue hacerle caso a una amiga, ir con mi marido a una juguetería y comprarnos un rompecabezas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco tuve una experiencia reveladora. No me hice fiel de ninguna iglesia ni visité a ningún gurú. Lo que hice fue hacerle caso a una amiga, ir con mi marido a una juguetería y comprarnos un rompecabezas.</p>
<p>Sé que para más de uno esto debe ser un hito de la nerdería y el querer ser raro a más no poder. Pero para nosotros, que de verdad somos así, estuvo buenísimo. En una ciudad en la que no siempre hay plan (sobre todo si no te quieres gastar una fortuna en un restaurant para que te sirvan algo muy parecido a lo que tú podrías cocinarte en tu casa), meterse de cabeza a buscarle sitio a un mar de piecitas está bastante bien.</p>
<p>Lo cuento así como la gran cosota porque resulta que este es mi primer rompecabezas. Sí, así de rara soy.</p>
<p>De pequeña no se me daba muy bien lo de la paciencia. Fui hija única hasta los 6 años y vivía en un mundo de adultos en el que me gustaba pasar horas aislada buscándole un zapato a Barbie o imaginándome resolviendo un crimen, de expedición en la luna o en lo profundo de la selva. Lo de juntar piezas me servía para el Lego, pero hasta ahí. Confieso que ni entonces, ni mucho menos en la adolescencia (que pasé entera conectada a un walkman) me interesó lo de armar rompecabezas.</p>
<p>Pero con la edad uno aprende a apreciar algunas cosas y en este momento de mi vida, a mis casi 30 y bastantes, la cosa me cayó del cielo. Y entiendo perfectamente por qué.</p>
<p>Para armar un rompecabezas hace falta espacio. No hablo sólo de un hueco en la mesa del comedor (éste era de 1500 piezas, así que ya se imaginarán), sino de un lugar en tu cabeza donde el silencio, la reflexión, la tranquilidad y la paciencia tengan un lugar reservado. Es necesario poder concentrarse, recordar y, sobre todo, ser flexible. Tienes que ser capaz de retar a tu propia terquedad, porque en medio de un cielo azul, esa pieza celeste que tienes en la mano y juras que va allí te va a demostrar que no, que ella va en otro lado y que más te vale no porfiar que sabes lo que estás haciendo, porque de lo contrario perderás tiempo y, a la larga, terminarás teniendo que aceptar que te equivocas.</p>
<p>Pero además, armar este primer rompecabezas me supuso hablar mucho conmigo misma. Desafiar esa idea que tenía de mí como una persona que “no tiene la paciencia para eso”, ver cómo mi marido avanzaba y se movía como pez en el agua mientras yo había logrado juntar cuatro o cinco piecitas por aquí y me frustraba volteando otra patas arriba y patas abajo, contemplar mi capacidad para querer hacer tres cosas a la vez (porque ya me acostumbré a organizarme mentalmente así) y resignarme a que, al final del día, era el rompecabezas el que tenía la razón y no yo.</p>
<p>Lo disfruté, ojo. Me gustó un mundo sumergirme en esa cosa a la vez competitiva y a la vez tranquila de “tú haces de la mitad para allá y yo de la mitad para acá” para terminar diciendo “ok” cuando él había terminado su mitad y suplicaba por “ayudarme” a hacer la mía. Me gustó soñar un par veces con que armaba rompecabezas, acostarme exhausta, porque me dolía la espalda de las horas que habíamos pasado allí pegados y tener algo más que hacer que me alejaba de la tele, los libros, las revistas y todo lo demás, porque por ratos sólo quería hacer eso y no otra cosa.</p>
<p>Me gustó sobre todo esa sensación de “no tiempo &#8211; no espacio” que te da el rompecabezas. Como tejer o escribir, pero compartido. Y sobre todo, me gustó el no control. Creo que allí está la clave.</p>
<p>Armar un rompecabezas implica someterse. Dejar que las piezas tengan el control, te digan cómo y dónde van y obedecer. Tú no armas el rompecabezas, tú eres simplemente el vehículo para que él vuelva a estar entero. Eso, queridos lectores, es una de las cosas que más me cuesta trabajo en la vida. Y bueno, ya sabemos que eso es en buena parte la vida.</p>
<p>Pero tengo que admitir que a mis casi 30 y bastantes como que lo estoy empezando a entender. Y hasta puede que lo disfrute, según parece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sé cuándo me vuelva a meter en otro rompecabezas (quedé exhausta, les digo). Pero creo que el próximo va a ser más emocionante. Porque cuando hay algo que ya sabes de la ruta que te toca recorrer, el viaje mejora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras lo busco, les dejo otro par de zapatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;I ♥</p>
<p><a href="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/05/c81bc86f50e8ad2fe9511f0433284b137c769b58.jpg"><img src="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/05/c81bc86f50e8ad2fe9511f0433284b137c769b58.jpg" alt="" title="sandalias Missoni" class="alignnone size-full wp-image-259" height="211" width="211"></a></p>
<p>Estas sandalias de Missoni me provocan: pintura de uñas nueva, vestido con flores, mantel de cuadros, higos frescos, parque y una revista.</p>
<div style="float: left; margin-bottom:10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http%3A%2F%2Fotropardezapatos.blogs.elle.es%2F2012%2F05%2F02%2Fzapatos-como-piezas%2F" style="display: inline-block; width: 55px; height: 20px; background-color: #cce4f3; line-height: 20px; text-align: center; border: 1px solid #7ab8df;">Tweet</a></div></div>]]></content:encoded>
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		<title>Permanecer en los tacones</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 21:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cynrodriguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[botines]]></category>
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		<description><![CDATA[Nos toca con frecuencia. No nos gusta pensar en eso, no nos gusta admitirlo, pero la verdad es que es considerable el tiempo que debemos aguantar en circunstancias que no nos gustan.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este lunes mi profesor de yoga estaba afónico. Entonces, con un hilito de voz, nos explicó que la clase iba a ser &#8220;diferente&#8221;. En lugar de hacer muchas posturas, como normalmente hacemos, íbamos a trabajar la permanencia. Y, adelantó, eso iba a hacerlo todo un poco más duro.</p>
<p>Nos toca con frecuencia. No nos gusta pensar en eso, no nos gusta admitirlo, pero la verdad es que es considerable el tiempo que debemos aguantar en circunstancias que no nos gustan.</p>
<p>Mientras sudaba en alguna postura que hasta ese momento nunca había considerado tan incómoda, con el cuello girado a un lado, viendo hacia el techo del salón, me decía que esa clase de yoga, además de ayudarme a sentirme mejor al final del día, me iba a servir para escribir este post.</p>
<p>Es que no podía concentrarme en la respiración sino en un monólogo que iba más o menos así: &#8220;vamos, falta poco, vamos, todas las demás siguen en la postura, no puedes cansarte solo tú, ¿se habrá olvidado éste de nosotras?, vamos, un poco más y seguro que cambiamos, vamos&#8230;&#8221;. Y bueno, los que hacen yoga saben que cuando a uno se le enciende la radio en la cabeza y no logras callarla con aquello de inhalar-exhalar, estás haciendo la mitad del trabajo, así que mejor es que vayas pensando en para qué te sirve ese esfuerzo que haces y no pierdas el tiempo.</p>
<p>Yo concluí que, ya que no lograba fluir del todo en la práctica, al menos me lo tomaría filosóficamente. Y bueno, la cosa salta a la vista: uno tiene que pasar a veces mucho tiempo en una posición o en una circunstancia incómoda (cuando no casi insoportable). Uno debería practicar más esa costumbre de la permanencia.</p>
<p>Pasa en los trabajos, en las relaciones, en las familias, en la mesa. Pasa cuando estás haciendo algo que no te mata pero que necesitas hacer porque hay cuentas por pagar. Pasa cuando mercurio se pone (con demasiada facilidad, el muy cretino) retrógrado y sientes que te está pasando todo lo de este mundo sólo a ti. Pero se nos pierde, con frecuencia, un detalle: siempre pasa. Le pasa a todos. Y, como todo, pasa.</p>
<p>Los dichosos ejercicios con la permanencia me hicieron pensar que cuando estamos en una de esas circunstancias menos felices tendemos a pensar que todo se vino abajo. Nos encerramos en eso y no vemos la salida. No sabemos muy bien cómo fue que llegamos a ese punto, y tal vez por eso pensar en una salida se nos hace más bien imposible. Y perdemos la vista que eso, también eso, va a pasar.</p>
<p>Como pasan los períodos buenos y vienen otros que no nos gustan. Como pasa el tiempo y nos vemos en el espejo unas canas que hace unos meses no estaban allí. Como pasa la escuela, el primer amor, la varicela, esa persona que nunca te hizo caso, el primer sueldo, el jefe psicópata, las mudanzas y las vacaciones.</p>
<p>Las cosas que nos duelen, que nos golpean, que sentimos que nos están abriendo en dos el corazón, también pasan. Las que nos incomodan, que no nos dejan dormir tranquilos, que nos angustian porque pareciera que todo lo que hemos planeado se va a ir por el barranco de un momento a otro, también. No sé cómo (nunca he sabido cómo funciona esto), pero el hecho es que es así.</p>
<p>En este momento pasan cosas en mi vida que me hacen sentir como en una de esas incómodas posturas de yoga. Me duelen cosas, me cuesta respirar bien, me cuesta concentrarme y busco en dónde poner mi mente para no caerme en medio del salón y poner la cómica. Miro el piso, los dedos de mis pies, respiro más profundo, hago ese ruido de ola de mar que hace que el aire que pasa por tu garganta te acaricie por dentro, me digo a mí misma que el sudor que me corre por la espalda es bueno. Y espero.</p>
<p>Espero a que pasen esas cosas porque sé que no todo es tan bueno, pero tampoco todo es tan malo. Espero a que pasen porque el tiempo me ha enseñado que es mejor conservar una actitud más bien relajada en estos casos. Espero porque no me queda más. Espero con la esperanza, como decía aquella canción, porque sé que en cualquier momento el profesor va a decir que se terminó la clase y que vamos a hacer postura de relajación. Y por cierto: esa postura de relajación en el yoga, la más cómoda de todas, que consiste en acostarse en el suelo, con los ojos cerrados y sin moverse, se llama la postura del cadáver.</p>
<p>Eso me hace pensar que tal vez eso de permanecer en alguno que no nos encanta, y sobre todo algún tiempo más de lo que habíamos previsto, no sea otra cosa que estar vivos. Quién sabe.<br />
Mientras permanezco en mis posturas incómodas (en tacones, eso sí), les dejo a ustedes otro par de zapatos</p>
<p>I ♥</p>
<p><a href="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/03/23797871_041_b.jpg"><img src="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/03/23797871_041_b-202x300.jpg" alt="" title="23797871_041_b" class="alignnone size-medium wp-image-256" height="300" width="202"></a><br />
Estos botines de Kimchi Blue parecen hechos para hacer de cualquier permanencia algo más llevadero. Hoy me los pondría con un jean gastado y una camisa blanca, para dar un paseo y alegrarme la vida. Están disponibles en <a href="http://www.urbanoutfitters.com/urban/catalog/category.jsp?id=WOMENS_SHOES">Urban Outfitters</a> que tiene un departamento de zapatos en el que hay, literalmente, para todos los gustos.</p>
<div style="float: left; margin-bottom:10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http%3A%2F%2Fotropardezapatos.blogs.elle.es%2F2012%2F03%2F28%2Fpermanecer-en-los-tacones%2F" style="display: inline-block; width: 55px; height: 20px; background-color: #cce4f3; line-height: 20px; text-align: center; border: 1px solid #7ab8df;">Tweet</a></div></div>]]></content:encoded>
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		<title>Los tenis del hámster</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Mar 2012 20:44:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cynrodriguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La imagen no es mía. Me la dio alguien hace poco y la tomé prestada porque de verdad me parece estupenda: tengo un hámster en la cabeza. Cuando hay un problema a la vista, él se monta en su ruedita y se pone un par de tenis. Y a correr se ha dicho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La imagen no es mía. Me la dio alguien hace poco y la tomé prestada porque de verdad me parece estupenda: tengo un hámster en la cabeza. Cuando hay un problema a la vista, él se monta en su ruedita y se pone un par de tenis. Y a correr se ha dicho.</p>
<p>Mi hámster es un tipo hiperactivo. Le encanta entrenar y sobre todo, le encanta entrenar por las noches. A eso de las 3 de la mañana me despierta con el ruido que produce su ruedita enloquecida.</p>
<p>Evidentemente, el hámster tiene una energía desbocada, porque como sucede con los corredores, se ha ido haciendo adicto a la carrera, al &#8220;subidón&#8221; ese del que todos hablan, y esa energía está en continuo reciclaje.</p>
<p>Todo suena muy lindo, pero el problema es que yo tengo que luchar contra el hámster. Y como ven, es todo un contrincante.</p>
<p>Los problemas no le faltan a nadie. Hay quien en un ejercicio de psicología barata alega que son los problemas los que nos hacen apreciar las cosas buenas (no me vengan con eso, por fa) y no falta quien salga con que hay que ponerles buena cara (me la reservo para entrar en una tienda y comprar pares de zapatos nuevos, gracias).</p>
<p>Pero el hecho es que los problemas son como los buenos amigos: siempre están por ahí. Y mi hámster tiene eso muy en cuenta.</p>
<p>El rollo con este hámster es que él saca toda su energía de ellos y en su ruedita loca los recicla. Entonces termino yo, como diría una amiga, &#8220;viviendo la tragedia dos veces&#8221;. Una vez, porque el problema ya está allí. Es real, no me lo estoy imaginando. Y otra vez porque el hámster se encarga de reciclarlo y sacarle lustre a todas las implicaciones que el problema tiene y, mejor aún, que podría llegar a tener alguna vez, dependiendo de las circunstancias.</p>
<p>No soy la única que tiene un hámster en la cabeza ¿cierto?</p>
<p>Muchos de nosotros tenemos esa manía (y lo sé porque vivo con otro huésped de hámster corredor: mi marido). Los que sufrimos del síndrome del hámster en la cabeza nos concentramos en ver un problema desde todos sus ángulos y nos hemos convencido de que lo hacemos para buscarle solución. Ojo, que yo creo que es así como se encuentran las soluciones.</p>
<p>El rollo es que en el camino nos volvemos locos. Sufrimos un horror. Porque de tanto ver el problema por todos sus lados no siempre sabemos escoger cuáles de las posibilidades de ese problema debemos desarrollar para encontrar la solución y muchas veces nos quedamos viendo el lado oscuro de la luna, encontrando monstruos de todas las cabezas posibles y terminamos pensando que de ésta sí que no salimos.</p>
<p>Nada más lejos de la realidad. A ver, no me considero una optimista y siempre tiendo a desconfiar de la gente que lo ve todo con ojos felices. Me digo que, a menos que haya alguna sustancia implícita en ese proceso, la cosa es para sospechar y hasta me pongo a la defensiva.</p>
<p>Pero tampoco soy de las que se bañan con el agua del pozo en el que se cayeron. Al menos ya no soy así (lo he sido, he estado allí y por eso he aprendido que es mejor no hacerlo). Prefiero buscar las soluciones. Prefiero pensar que las cosas van a tomar un rumbo mejor a este que se me muestra ahora y que en algún lado vamos a encontrar la llave para abrir la puerta que hoy se nos pinta cerrada a cal y canto.</p>
<p>Pero mi hámster es un especialista en películas de horror y lo que hace cada vez que se monta en la ruedita es proyectarme una de esas que no te dejan dormir en un mes.</p>
<p>He aprendido, no obstante, a domar a mi hámster. Años atrás solía llevarme arrastrada en su carrera y después de levantarme del suelo, de haber tragado bastante polvo y haberme roto aquí y allá terminaba viendo que las cosas podían ser de otra manera. Siempre creí que eso era suerte nada más, que milagrosamente me había salvado &#8220;por esta vez&#8221; de la catástrofe y que la próxima seguro que no la pasaba así de agachadita.</p>
<p>Pero con el tiempo y con la de veces que he visto el milagro suceder he terminado por creer que, o bien los milagros son mucho más frecuentes (y por lo tanto menos exóticos) de lo que creemos, o que uno puede salvar el pellejo de los problemas muchas más veces de las que cree. O sea, que lo que hoy nos parece el fin del mundo, mañana resulta ser que no lo fue y no nos morimos de eso que tanto nos espantaba en su momento.</p>
<p>Con eso es con lo que le hago frente al hámster. Con esa idea de que más allá de &#8220;todo lo malo&#8221; (como decía mi adorada heroína literaria Lisbeth Salander) hay algo que puede que no sea tan malo y que, cuidado con lo que voy a decir, puede que hasta sea mejor de lo que tenemos hoy en las manos y que tanto apreciamos. (Sí, vuelvo con mi tema: <i>change is good</i>).</p>
<p>Obviamente, no siempre es así. Hay momentos en los que crees que viene un golpe, te preparas, cierras los ojos y ¡pum!, en efecto vino el golpe. Te das, te duele, te sobas y un día se te pasa. Y, claro, aprendes.</p>
<p>Pero hay otros momentos en los que te pintas el golpe en la frente, lo esperas, lo hueles y resulta que en lugar de golpe viene otra cosa. Viene algo que a lo mejor no era lo que querías, pero que no está tan mal.</p>
<p>Mientras escribo esto mi hámster duerme. No le gusta darle a la ruedita cuando estoy ocupada en otras cosas. Él prefiere dejarme en paz mientras trabajo (menos mal) y molestarme cuando mi cabeza se &#8220;relaja&#8221;. Así que no sabe que estoy pensando en él, que estoy esperándolo para cuando venga esta noche de nuevo con su ruedita loca y que le tengo una respuesta para cada cosa que me diga.</p>
<p>Es cansón pelear con el hámster, no se los voy a negar. Pero como no soy una iluminada tengo claro que está ahí y que siempre va a querer darme un poco más de lata. Y creo que de lo que se trata es de tenerle algo listo para que cuando venga otra vez a correr, puedas hacer que se quede tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al hámster ese le voy a cambiar los tenis por unos tacones y un Martini. A ustedes, les dejo otro par de zapatos.</p>
<p>I ♥</p>
<p><a href="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/03/image_image_new_174984_fr.jpg"><img src="http://otropardezapatos.blogs.elle.es/files/2012/03/image_image_new_174984_fr.jpg" alt="" title="image_image_new_174984_fr" class="alignnone size-full wp-image-253" height="211" width="211"></a><br />
Estos adorables &#8220;Big City Sneakers&#8221; de Be &amp; D son perfectos para no perder el glamour mientras corremos porque se hace tarde. Los encontré en <a href="http://www.colette.fr/#/eshop/article/30914662/be-d-big-city-sneakers/90/">Colette</a></p>
<div style="float: left; margin-bottom:10px;"><a href="http://twitter.com/share?url=http%3A%2F%2Fotropardezapatos.blogs.elle.es%2F2012%2F03%2F19%2Flos-tenis-del-hamster%2F" style="display: inline-block; width: 55px; height: 20px; background-color: #cce4f3; line-height: 20px; text-align: center; border: 1px solid #7ab8df;">Tweet</a></div></div>]]></content:encoded>
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